miércoles, 8 de febrero de 2012

Caminos imposibles

Saliendo de la ciudad de Ngozi puedes encontrar la verdadera esencia de la vida burundesa, la de siempre, la del campo, la de la gente viviendo en armonía con la naturaleza. Casitas de adobe, madres llevando a los bebés en las espaldas, niños felices jugando al escondite, cabras pastando, caminos de tierra que se pierden entre los árboles...

Quería contaros que hace unos días me encontré por estos lares a una señora mayor con una habilidad digna de cualquier alpinista profesional, merecedora de un artículo en mi blog, y también de salir en el programa de Cuarto Milenio reconocida como un suceso paranormal.

Como se puede apreciar en la foto, la señora va descalza y lleva en la cabeza una penca de bananas y un saco, al parecer, de patatas. De repente, la vi subiendo este camino empinado con una facilidad inexplicable, sin apoyar las manos en el suelo y sin perder el equilibrio. Un camino practicamente vertical, pero, ¿cómo lo hacía? No había truco, puedo jurar que no era un camino escalonado, que no llevaba ventosas en los pies ni clavos, que subía erguida, sin tropiezos...Esperé a que subiera y luego me acerqué para comprobar que efectivamente la pendiente del camino era enorme, practicamente una pared.

En fin, algún día volveré al mísmo lugar a ver si hay más gente que consigue la proeza de esta señora, echaré otras fotos donde se vea el camino entero (unos 5 metros de subida) para dejar constancia de la altura y después intentaré subir yo, pero sin plátanos y con zapatillas.

lunes, 23 de enero de 2012

Y llegó el 2012...

Muchos son los que me han preguntado si seguía con el blog, y con razón lo hacían porque la última vez que escribí fue hace más de un mes; pero no ha sido por dejadez ni por falta de inspiración. Desde un principio, mi intención fue escribir exclusivamente mis vivencias y anécdotas de este año en Burundi, así que hice un paréntesis mientras pasaba las Navidades en España. Ahora he vuelto a tierras africanas con las energías a tope (incluso después de 27 horas de viaje, con 3 escalas de regalo…perfecto coñazo).

Mi ausencia por Burundi estos días ha deparado varias sorpresas. Ahora el 70% de las calles están asfaltadas, aparecen las primeras señales de tráfico, los primeros pasos de cebra, nombres de las calles, nuevo mercado, nuestro coche que vuelve a funcionar, internet en la Universidad ya casi todos los días, menos cortes de luz y agua en casa, 40kg de material didáctico de la AECID (libros, diccionarios, mapas, audios...) que han llegado por fin a Ngozi para mis clases de español, etc. Me gusta como está comenzando el 2012 por estos lares, con la nueva imagen de la ciudad y con la mejora de las comodidades.

En cambio, qué cierto es cuando decimos que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos o, en mi caso, dejamos de tener por un tiempo. Digo esto porque para uno que lea mi blog, la vida en África puede parecerle maravillosa, pero quizá es momento de profundizar más y añadir que no todo es color de rosa, que hay que ser fuerte estando tanto tiempo lejos de familiares y amigos, a los cuales dedico este artículo.

Este mes por casa ha sido muy especial: mis padres volcados conmigo; mis hermanas, todas en casa, liándola en Nochebuena con guitarra y buenos cantes; mi abuela Javiera, que es más fuerte que un roble, recuperándose de un sustillo; mis tíos, mis primos (qué buenos momentos en casa de Juan y Raquel, grabando pelis como locos y comprobando lo fácil que es cocinar con la thermomix); fiestón de Nochevieja en casa con mis amigos, partiditos de fútbol 7, patatitas del Hoyo, viaje a Gerona, Barcelona, C.Real, Cáceres… No podían haber sido mejores mis vacaciones.
Ahora estoy aquí en Ngozi con el subidón que necesitaba. Gracias a todos por estar siempre ahí, no cambiéis nunca.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Kampala y sus encantos

Capital de Uganda. Población: 1.208.544 habitantes. Sus actividades económicas más destacables son la industria, en especial la mobiliaria y la maquinaria, así como la exportación de productos agrícolas como café, algodón, té y azúcar. Es una ciudad digna de visitar, una locura en todos los sentidos.

Quería destacar los dos factores que más me han impresionado de ella: el tráfico y el mercado principal.
En Kampala te encuentras rodeado de miles de personas apelotonadas como hormigas en la calle. No existen semáforos ni rotondas, ni pasos de cebra, así que nos encontramos con un tráfico donde predomina la ley del más fuerte, es decir, preferencia a los camiones y autobuses, luego a los coches, las motos, las bicicletas y por último, al peatón. Cruzar la calle es una gran aventura.

Por otro lado quería hablar del mercado principal. Es una maravilla, tiene un encanto especial que no encuentras fácilmente en otros. Digamos que era como una ciudad con laberintos, con callejones sin salida. En él te encuentras de todo, ropa de ocasión, la mayoría procedente de Europa y EEUU; filas de unas 30 mujeres con máquinas de coser, todas reparando y cosiendo ropa usada… Otra gran parte del mercado era exclusivo para la comida, con sus verduras, frutas, carnes, pescados… Por último, la sección del bazar, llena de utensilios de cocina, herramientas, neumáticos, material escolar… Todos los comerciantes querían venderme sus productos. Me perseguían con camisetas, pantalones, zapatos, también con pimientos, cebollas, pescado fresco, cortinas, sábanas, toallas, bolígrafos, etc. La tentación fue muy grande, ¿cómo salir de allí sin comprar ese kg de pescado por 1 euro, esas sábanas de flores que más quisieran tener en Portugal, esas tripas de cerdo a 1´5 euro/kg, o esas toallas rosas casi regaladas?

Volveré…

domingo, 4 de diciembre de 2011

Safari en Uganda


Qué difícil es expresar un sueño hecho realidad. Cómo describir todo aquello que pude sentir viendo elefantes, jirafas, monos, leones, búfalos, antílopes, águilas, buitres, cocodrilos, hipopótamos, etc… Hacía tiempo que no me emocionaba tanto. El inmenso Parque Natural de Murchison Falls Natural de 5.072 km2, cuenta con más de 500 especies diferentes de animales.

A parte de ver animales exóticos y raros, puedo destacar el baño de búfalos en lodo, jirafas de cuellos infinitos comiendo de las copas de los árboles, elefantes en fila india que me recordaban a algunas escenas de El libro de selva, leones escondidos esperando el momento de atacar a sus presas, lucha de jabalíes (Pumba), antílopes miedosos corriendo como locos cada vez que nos acercábamos, familia de babuinos trepando árboles, incluso, cocodrilos acercándose a un pobre hipopótamo que flotaba muerto en mitad del río Nilo. Pensé que todo esto sólo podía verlo en los documentales de la 2 (momento de siesta después de Saber y Ganar) o en las revistas de National Geografic. ¡Qué gozada! 5 horas con los ojos como platos, queriendo grabar y fotografiar cada momento, cada animal.
Si tuviera que elegir a un animal entre todos me quedaría con la jirafa. Me hubiera quedado mirándolas horas y horas...
El safari ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida. Sin duda, recomendado a todo el mundo. Merece muchísimo la pena.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Furgotaxi


Os presento el transporte común burundés para largas distancias. Lo he bautizado con el nombre de Furgotaxi.
Modelo: TOYOTA HIACE VAN (1988)
Capacidad: toda la gente que quepa hasta cubrir el más mínimo espacio vacío. Adaptado con 18 asientos reclinables. Normalmente distribuidos en 4 filas. (Ideal para niños, anoréxicos o gente con una sola nalga).
Confortabilidad: No apto para gente de más de un 1´75 (o patilargos como yo) porque se expone a la posición mentón-rodillas. Dicho de otro modo, a la flexión de piernas apoyando las rodillas en el respaldo del asiento de delante. Consecuencia: hormigueo o entumecimiento repentino.
*Sonido: la radio puesta a su máximo volumen para que todo el mundo escuche bien las canciones, por si acaso hay algún sordo. Señora de la última fila que habla a gritos con la de la 1ª fila durante una media hora. A veces conversaciones cruzadas, múltiples, riñas, bebés llorando, etc…
*Olor: importante dato a tener en cuenta. Lo dejaremos así […]
Seguridad: no se necesita cinturón. En caso de accidente nadie saldría disparado. Estamos encajados los unos a los otros.
Precio del viaje: viajar en estas condiciones no tiene precio… Puedo decir que siendo Muzungu el importe varía. Después de discutir con el chofer un buen rato haciéndole saber que conozco el precio real del trayecto, podemos llegar a un acuerdo.
Trayecto habitual: NGOZI – BUJUMBURA = 126 km. Duración: entre 3 y 4 horas. Media: 36km/h. El motivo de este tiempo son las interminables paradas:
a) Control policial. Unas 5 o 6 inspecciones en cada viaje. Comprueban que los faros, el parabrisas y el claxon funcionen a la perfección. ¡Gracias!
b) Recogida de nuevos pasajeros. Poco importa el lugar: en mitad de la carretera e incluso, a veces, en paradas oficiales de furgotaxi.
c) Accidente.
d) Rueda pinchada. Muy frecuente, dado el estado no sólo de la carretera sino también, de los neumáticos.
e) Compra de bolsita de cebollines en Muramvya. ¡importantísimo!
f) Orina. Momento en el que aprovecho para estirar las piernas.
g) Sorpresa. En cada viaje sucede algo nuevo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Bicicleta de madera


Este niño burundés me enseñaba feliz la bicicleta que tal vez su padre o algún familiar le hizo con unos cuantos trozos de madera. Era muy chula. Otros niños juegan con una rueda empujándola con un palito. El objetivo es hacerla rodar sin que se caiga. También los hay quienes se las ingenian para hacer cochecitos con listones de madera.
Me llama la atención ver a grupitos de 4 o 5 niños, a veces más, jugando libremente en la calle o en el campo, sin la vigilancia de sus padres. Ellos me recuerdan a mi infancia, cuando por ejemplo, los largos días de verano salía a la calle a jugar desde bien temprano hasta que ya oscurecía. Era el momento en el que mi madre salía a la ventana y gritaba ¡Dámaso, a cenar! Era la época de la capacidad de crear, de imaginar, de inventar todo tipo de juguetes y juegos.
Recuerdo cuando jugaba a las chapas; cuando hacía cometas machacando con una piedra el plástico del polo-flas con otros cuantos de éstos; cuando en el colegio en vez de una pelota para jugar al fútbol teníamos que coger las piñas de los cipreses. Sin olvidar el resto de juegos populares como el repión, el bote-bote, la pisa, los bolindres, campo muerto, etc… Cierto es que también tuve juguetes como los playmobil, animales de plástico, y ya de más mayor la consola Nintendo, la que desgraciadamente me hizo pasar horas y horas delante de la TV, pulsando como loco los botones del mando para matar marcianitos o llegar a la última fase de Mario Bros. Lo cierto es que tanto unos como otros me hacían feliz. Pero sigo pensando que una infancia es mucho más sana y bonita saliendo a la calle relacionándote con otros niños, creando nuestros propios juguetes, haciéndote heridas en las rodillas por una caída tonta rompiendo así el pantalón (aunque para esto siempre existía el magnífico remedio de los pedazos de parches/rodilleras cosidos); buscando los plásticos del polo flas para hacer una preciosa cometa (que nunca volaba, por cierto) o coger una tiza y pintar en el suelo unos cuantos cuadros con números para saltar en ellos.
Los tiempos han cambiado. Hoy en día en España por ejemplo, es arriesgado dejar a un niño a su libre albedrío sin la vigilancia de un adulto, sobretodo en una ciudad, es casi impensable. Ahora éste niño ya desde muy pequeño tiene su consola de juegos, sus mil canales de TV para ver dibujos animados, sus juguetes para estar en casita sin necesidad de salir a la calle.
Un niño no es más feliz por tener el mejor juguete del mercado, no es mejor una bicicleta de plástico del Toys”R”US que la bici de madera de nuestro amigo burundés. Seguramente este niño es más feliz que cualquiera con su juguete, fabricado con todo el cariño del mundo. Me pregunto qué pasaría si a este niño le pusiéramos delante una consola. ¿Nos la cambiaría por la bicicleta de madera?

martes, 1 de noviembre de 2011

Un poquito de Burundi

Pequeño confeti perdido en África Central, Burundi tiene una superficie inferior a Bélgica (27800 km²) y una población que supera los 8 millones de habitantes. Representa el 1% del territorio del continente africano.

Sus vecinos son Rwanda, Tanzania y el Congo, con éste último hace frontera a través del lago Tanganyika (el 2º más grande de África y el 2º más profundo del mundo con – 270 metros).

La región de Ngozi, donde vivo, tiene una altitud media de 1000 m, lo que provoca que tengamos uno de los mejores climas de toda África: 30º durante el día y 12º/13º por la noche, así durante todo el año.

Los principales recursos son los agrícolas, el té y el café, constituyendo estos dos últimos el 70% de las exportaciones y cerca del 50% de la exportación total del país.

Muy dependiente de la ayuda internacional en todos los aspectos. Por otro lado, la tasa de alfabetización es todavía muy baja, algo más del 50% de la población ha recibido la educación primaria.

Con respecto a la sanidad, el país cuenta con 0´03 médicos por cada 1000 pacientes. No hay Seguridad Social. Pocos son los que pueden pagarse una simple revisión médica.

La lengua oficial es el francés y las otras lenguas son Kirundi (la lengua más hablada por la población) y el Swahili (lengua de los comerciantes y de los musulmanes).

A diferencia de nostros, que tenemos bien marcadas las 4 estaciones del año, aquí sólo tenemos estación de lluvia (de la mitad de septiembre a mayo) y la estación seca (de junio a la mitad de septiembre). Creo que le voy a dar un buen uso al impermeable y al paraguas de colorines...