miércoles, 15 de julio de 2026

Napoli, Pompeya & Roma

Del 1 al 8 de julio tuve la suerte de viajar con mis padres a Italia, concretamente Nápoles y Roma. Y aunque pueda parecer que lo importante de un viaje son los lugares que visitas, cada vez tengo más claro que, cuando viajo con ellos, lo verdaderamente especial es seguir compartiendo vivencias y experiencias a su lado. 

Mis padres no son personas especialmente viajeras, pero una vez que salen disfrutan muchísimo del viaje.


Piazza del Plebiscito (Napoli)

Sus hijos hemos salido bastante culos inquietos y siempre nos ha gustado explorar otros lugares y formas de vida. Así que han terminado viajando para estar, más que nada, cerca de nosotros: han ido a Montpellier, a la isla de la Guadalupe, a París, a distintas islas de Canarias e incluso a República Dominicana, esta vez solos, para celebrar sus bodas de plata.

 

El año pasado tuvimos la gran suerte de hacer juntos el Camino de Santiago y este verano tocaba organizar una nueva escapada en familia. Además, había un aliciente muy especial: llevar por fin a mi madre a Roma. Durante años había dicho que, aunque no le gustara demasiado viajar, Roma sí era una ciudad que le gustaría conocer. Y ese esperado día por fin había llegado.

 



Napoli: unos días en familia

 

Antes de ir a Roma pasamos unos dos días en Nápoles, donde pudimos coincidir con mi hermana Libertad, Francesco y las niñas, Eva y Nerea. También aprovechamos para visitar a Enza, la madre de Francesco, y conocer a otros familiares cercanos. Fue una buena manera de empezar el viaje: paseos tranquilos, comidas, conversaciones y mucho tiempo disfrutado en familia.


Nápoles es una ciudad con muchísima personalidad. Es ruidosa, intensa, algo caótica pero llena de vida.

Pompeii

Una de las visitas más interesantes fue Napoli Sotterranea, una red de galerías subterráneas excavadas bajo el centro histórico. Resulta curioso pasar del bullicio de la superficie a encontrarte, pocos metros después, con otra ciudad escondida bajo tus pies.


El resto del viaje lo haría ya solo con mis padres. El tercer día fuimos a Pompeya. Pasamos allí unas tres horas y quizá nos entretuvimos demasiado tiempo, porque teníamos que regresar a Nápoles antes de las 20:00 para recoger las maletas de la consigna en la estación.

Pompeya impresiona profundamente. Caminar por sus calles y contemplar sus edificios conservados bajo la ceniza hace que la erupción del Vesubio del año 79 deje de parecer un acontecimiento lejano.

 

El problema llegó al terminar la visita. Eran casi las 20h y seguíamos todavía en el tren de vuelta. Necesitábamos unos veinte minutos para llegar a Nápoles. La empresa de consignas solo podía esperarnos cinco minutos. Cuando llegamos a la estación eran más de las 20h15 y las puertas estaban cerradas. Por suerte, el chico que me había atendido por teléfono seguía dentro. ¡Pffff! Recuperamos las maletas y corrimos al andén para coger nuestro tren a Roma. Perderlo habría supuesto perder reservas de alojamiento y el tren a Roma, pero todo salió bien...¡de milagro!

 

El trayecto en tren hasta Roma duró poco más de una hora. Nuestro hotel estaba a unos diez minutos andando de la estación Roma Termini. Yo ya había estado allí en 2012 y recordaba la ciudad, pero volver catorce años después tenía un significado completamente diferente al estar allí con mis padres.

 

Teníamos tres días para recorrer la ciudad.

Il Colosseo di Roma

Digamos que el calor nos acompañó durante toda la estancia pero fue soportable. Los paraguas se convirtieron en improvisadas sombrillas, a mi madre le regalé una pequeña sombrilla asiática y un ventilador a pilas terminó siendo uno de nuestros mejores aliados durante las caminatas.


Nos movimos principalmente andando y utilizamos el metro únicamente cuando las distancias eran demasiado grandes. 


Entre paseo y paseo descubrimos varios clásicos de Roma, pero muy cerca de nuestro alojamiento, a unos diez minutos caminando, se encontraba la increíble Basilica di Santa Maria degli Angeli, construida por Michelangelo dentro de unas antiguas termas.  También visitamos mi lugar favorito de la ciudad:el Panteón. Ya me había fascinado en 2012 con esa enorme cúpula perfecta, auténtica hazaña de la ingeniería romana. Volver a entrar fue simplemente maravilloso. Mayte, mi profesora de Historia del Arte, nos explicó en el instituto cómo se había construido y además, fue la obra que me tocó defender en la Selectividad. Estar allí dentro fue un viaje en el tiempo. Asombra pensar que se levantó hace casi 2.000 años.


La famosa Fontana di Trevi no podía faltar. Nos acercarnos a la zona más próxima a la fuente y, aun así, no cabía un alfiler. Por supuesto, no faltó la turistada de tirar una moneda y pedir un deseo. 


El segundo día en Roma hicimos un Free Tour nocturno con la empresa Guru Walk por la zona del Foro Romano. Me gustó mucho la experiencia. 


El tercer día visitamos los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina.

Scuola di Atene, di Raffaello  (Musei Vaticani)

Estuvimos más de dos horas recorriendo sus galerías y salas decoradas. Después llegó la inevitable cola de acceso: casi otras dos horas de espera. Hubo algunos reventas que intentaron convencernos de comprarles a ellos las entradas para evitar la fila, obviamente nos pedían muchísimo más dinero de lo que costaban las entradas, así que nada, decidimos quedarnos en la cola hasta entrar. Tampoco se hizo muy pesada la espera. 


Además del increíble Museo Vaticano, repleto de obras maestras que parecen competir por tu atención, la guinda del pastel llega al final: la Capilla Sixtina, donde Miguel Ángel convirtió el techo en una de las obras más fascinantes de la historia del arte. 

 

En nuestro último día teníamos el vuelo de vuelta por la tarde, así que aprovechamos la mañana para hacer un último recorrido.


Il Pantheon

Fuimos a la Terrazza del Pincio, buscamos un buen lugar para hacernos fotos con el Coliseo de fondo y buscamos un restaurante para comer pescado, muy necesario después de tanta pasta y pizza. 






Lo mejor del viaje


Cuando recuerdo este viaje, no pienso primero en los monumentos de Roma ni en Pompeya. Pienso sobre todo en mis padres. 




Pienso en mi madre cumpliendo por fin aquel pequeño sueño de conocer Roma. Pienso en los entrañables días compartidos con mi hermana Libertad, las sobris Eva y Nerea, Francesco y toda la familia. Al final, lo mejor de viajar no siempre es el lugar al que llegas, sino la suerte de con quién lo compartes. 

 

sábado, 28 de febrero de 2026

Estambul: entre mezquitas, bazares y el Bósforo

Mi viaje a Estambul comenzó mucho antes de comprar un billete de avión. Hay viajes que nacen cuando reservas un vuelo. Otros empiezan muchos años antes, casi sin darte cuenta. El mío comenzó en Bachillerato, durante aquellas inolvidables clases de Historia del Arte con Maite, una profesora a la que siempre le estaré agradecido por conseguir que nos enamoráramos del arte. El aula permanecía completamente a oscuras; únicamente la luz del proyector se iluminaba mientras iban pasando diapositivas de las grandes obras de la humanidad.

Santa Sofía de Constantinopla

Entre todas ellas hubo una que se quedó grabada para siempre en mi memoria: Santa Sofía de Constantinopla. Creo recordar que dedicamos dos clases enteras únicamente a hablar de aquel templo. Mientras Maite nos explicaba su historia, el esplendor del Imperio Bizantino y la impresionante cúpula que parecía desafiar las leyes de la ingeniería, nació en mí el deseo de viajar algún día a Estambul. Muchos años después, del 18 al 22 de febrero de 2026, por fin llegó el momento de cumplir aquel sueño. Y lo hice junto a una persona muy especial. 


Interior de Santa Sofía
Viajar con Montse ha sido volver a confirmar algo que ya sabía desde nuestra aventura por Chile y Argentina a finales de 2015: compañera perfecta para recorrer el mundo. Compartimos la misma curiosidad por descubrir lugares nuevos, por empaparnos de otras culturas, por caminar hasta agotarnos si hace falta y por disfrutar tanto de los grandes monumentos como de esos pequeños detalles que hacen especial cada destino. 


Además, para ella no era la primera vez en Estambul, por lo que muchas de las rutas, recomendaciones y sugerencias nacieron de su propia experiencia. Siempre he pensado que las ciudades se disfrutan mucho más cuando alguien que ya las conoce te enseña a mirarlas. 

 Aunque el viaje duró poco, realmente tuvimos tres días completos para descubrir la ciudad. Y la verdad es que los aprovechamos al máximo. El momento más esperado llegó, inevitablemente, al cruzar las puertas de Santa Sofía. 

 
Después de tantos años soñando con conocer aquel templo del que Maite nos hablaba con tanta pasión, por fin estaba allí, bajo su inmensa cúpula. Fue uno de esos instantes en los que la realidad supera cualquier expectativa. Comprendí entonces por qué sigue siendo considerada la gran obra maestra del arte bizantino y uno de los edificios más impresionantes jamás construidos.

Con Montse. Al fondo: la Mezquita Azul





Muy cerca nos esperaba la Mezquita Azul, elegante y serena, con sus seis minaretes dominando el horizonte de Sultanahmet. También recorrimos el espectacular Palacio de Topkapi, desde donde los sultanes del Imperio Otomano gobernaron durante siglos, y la impresionante mezquita de Süleymaniye, quizá menos conocida, pero que terminó convirtiéndose en una de las grandes sorpresas del viaje gracias a la tranquilidad que transmite y a sus magníficas vistas sobre la ciudad. 


Una de las imágenes que más se me quedó grabada de la ciudad fue la del puente de Gálata. Me fascinó ver a cientos de pescadores alineados, separados apenas por un metro entre ellos, lanzando sus cañas al agua durante horas. No podía evitar preguntarme cuántos de ellos estarían allí para ganarse la vida y cuántos simplemente por el placer de ir de pesca y pasar el día con los amigos. 

Y luego estaba el sonido. Varias veces al día, la voz del muecín comenzaba a sonar desde una mezquita y, apenas unos segundos más tarde, otra parecía responderle. Desde la plaza de Sultanahmet era especialmente emocionante escuchar ese "diálogo" entre la Mezquita Azul y Santa Sofía. 

Puente de Gálata
Como ocurre en cualquier visita a Estambul, también nos dejamos llevar por el bullicio del Gran Bazar y el inconfundible aroma del Bazar de las Especias. En el primero, además de encontrar un abrigo de muy buena calidad a un precio estupendo, descubrí que las camisetas de fútbol también estaban a precios realmente tentadores. Y claro... teniendo en cuenta lo mucho que me gustan, la batalla estaba perdida desde el principio. Lo que iba a ser "solo echar un vistazo" terminó convirtiéndose en cuatro o cinco camisetas más para la colección. 

Otra de las experiencias que más recordaré fue navegar por el estrecho del Bósforo para cruzar del continente europeo al asiático. Hay pocas ciudades en el mundo donde puedas cambiar de continente simplemente cogiendo un barco. Pasear después por las calles de Kadıköy, con su ambiente relajado, sus cafeterías y pequeños comercios, fue el contrapunto perfecto al intenso ritmo del centro histórico. Una noche terminamos escuchando música en directo en un pequeño bar del barrio. Uno de esos momentos improvisados que nunca aparecen en las guías de viaje, pero que acaban convirtiéndose en algunos de los mejores recuerdos. 



 

Torre de Gálata

Si algo me encanta cuando viajo es descubrir la gastronomía local, y Turquía fue un auténtico acierto. Cada mañana comenzábamos con un auténtico kahvaltı, el tradicional desayuno turco, donde la mesa se llenaba de pequeños platos con quesos, aceitunas, tomate, pepino, huevos, mantequilla, miel, pan recién hecho, etc. Más que un desayuno, era toda una experiencia. 

Uno de los platos más curiosos fue el testi kebabı, cocinado lentamente dentro de una vasija de barro sellada que el camarero rompe delante de la mesa antes de servirla. Además del espectáculo, el resultado es una carne increíblemente tierna y llena de sabor.


¿Y qué decir de los dulces turcos?  qué ricos estaban todos. La mayoría tiene como ingredientes principales el pistacho, las nueces, la miel y el almíbar. Uno de los más conocidos era el baklava. Nos gustó tanto que incluso nos llevamos algunos de vuelta para España.




Al dejar atrás Estambul, uno comprende que su verdadera esencia no se encuentra únicamente en sus monumentos o paisajes, sino en la mezcla de culturas, historias y emociones que se viven en cada rincón. Es una ciudad que sorprende, inspira y deja recuerdos imborrables. Tengo la grata sensación de que volveré. 



Maite consiguió que un grupo de adolescentes descubriera que el arte podía emocionar. Muchos años después, aquel sueño terminó haciéndose realidad. Esta entrada está dedicada a ella, que aunque ya no esté entre nosotros, allá donde esté, pueda saber que aquellas clases a oscuras, iluminadas únicamente por la luz de un proyector, despertaron en uno de sus alumnos las ganas de viajar hasta la antigua Constantinopla. Gracias por enseñarnos que el arte no solo se estudia, sino que también se siente. Gracias por sembrar, sin saberlo, un sueño que tardó casi veinte años en cumplirse.


lunes, 14 de abril de 2025

Intercambio Erasmus+ en Koprivnica - Croacia

A veces la vida tiene una forma curiosa de cerrar los círculos. Hay experiencias que parecen quedar atrás, pero en realidad siguen acompañándonos en silencio, moldeando la persona que somos y las decisiones que tomamos. 
Entre 2005 y 2006 tuve la oportunidad de vivir un curso completo de Erasmus en Montpellier, una experiencia que transformó por completo mi manera de entender el mundo. 

Koprivnica: del 4 al 9 de abril'25
Aquel curso me enseñó que vivir una temporada en el extranjero va mucho más allá de visitar lugares nuevos; significa aprender a mirar desde otras perspectivas, convivir con personas de diferentes culturas y descubrir que las fronteras desaparecen cuando existe curiosidad, respeto y ganas de compartir.

En mi despedida de Montpellier, los amigos me regalaron una bandera de Francia donde me escribieron dedicatorias para el recuerdo. Una amiga de Laos puso: Espero que esta experiencia Erasmus te haya abierto las puertas al mundo.

Y así fue. Aquella puerta nunca volvió a cerrarse. Desde entonces nació en mí una inquietud permanente por seguir viajando, descubriendo nuevos destinos, aprendiendo de otras culturas y encontrando en cada viaje una oportunidad para crecer, tanto personal como profesionalmente. Veinte años después, el destino quiso que volviera a vivir el espíritu Erasmus, aunque desde una perspectiva completamente distinta. Ya no era aquel estudiante que llegó a Montpellier cargado de incertidumbre e ilusión para pasar un curso entero lejos de casa. Ahora era profesor y viajaba a Koprivnica, Croacia, para participar en una movilidad Erasmus+ de apenas cinco días. Sin embargo, la duración importaba poco. 

Bastaron unos días para comprobar que la esencia seguía siendo exactamente la misma: aprender unos de otros, crear vínculos, compartir experiencias y regresar a casa con la sensación de haber crecido un poco más. 

 

Eso es exactamente lo que sentí al participar en esta movilidad Erasmus+ en Koprivnica: no era simplemente un viaje de cinco días como docente, sino el reencuentro con una historia que había comenzado veinte años antes. Esta movilidad Erasmus + en Croacia la hice con alumnado del IES Las Salinas de Arrecife, Lanzarote, junto a Celia, gran amiga además de compañera de trabajo. Curiosamente, una semana antes tuve el viaje de intercambio a Francia con el IES En Altavista, también de Arrecife. 


Poder formar parte de dos proyectos internacionales en tan poco tiempo me permitió comprobar, una vez más, el enorme valor educativo y humano que tienen este tipo de iniciativas.  

 

Todo comenzó con una cálida bienvenida en el centro educativo de Koprivnica, donde fuimos recibidos por el profesorado y el alumnado participante. Desde el primer momento se respiró un ambiente cercano y de colaboración que facilitó la convivencia entre docentes de distintos países. 

 

Durante las primeras jornadas participamos en actividades de presentación, dinámicas para favorecer el conocimiento mutuo y talleres al aire libre relacionados con la ciencia, la naturaleza y la sostenibilidad. 

También tuvimos la oportunidad de recorrer las calles de Koprivnica, una ciudad tranquila y acogedora que nos permitió conocer de cerca la vida cotidiana de nuestros anfitriones.

 


Uno de los días viajamos hasta Zagreb, la capital de Croacia, donde disfrutamos de una visita por sus rincones más emblemáticos. 

Celia & yo en Liubliana

Pasear por sus plazas, descubrir su patrimonio histórico y compartir la experiencia con el resto de participantes fue una excelente forma de seguir conociendo el país y fortalecer los vínculos creados durante la movilidad. 

El programa reservaba una jornada libre que terminó convirtiéndose en uno de los recuerdos más especiales del viaje. Celia y yo, junto con las profesoras de Gran Canaria, tuvimos la enorme suerte de que nuestros amigos Maja y Zvone, profesores croatas, nos prestaran su coche para realizar una escapada hasta Eslovenia. Gracias a su generosidad pudimos visitar Liubliana, la capital del país, una ciudad elegante, tranquila y llena de encanto. Recorrer sus calles, cruzar sus puentes y disfrutar de su ambiente fue un regalo inesperado que nos permitió descubrir otro rincón de Europa durante esta experiencia Erasmus+. 



Más allá del destino, este día puso de manifiesto uno de los grandes valores del programa: las amistades que nacen entre docentes de distintos países y la generosidad con la que se comparten momentos que difícilmente se olvidan. 


La semana continuó con una excursión al Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, uno de los espacios naturales más impresionantes de Croacia. Sus lagos de aguas cristalinas y sus espectaculares cascadas nos ofrecieron una jornada inolvidable en plena naturaleza. Más tarde visitamos el castillo de Trakošćan, rodeado de un paisaje de gran belleza, y la ciudad de Varaždin, cuyo patrimonio histórico y elegante arquitectura nos permitieron conocer una faceta diferente del país. 


Plitvice

En los últimos días volvimos al centro educativo para conocer de primera mano el funcionamiento del sistema educativo croata. Compartimos experiencias con el profesorado, asistimos a un original mercadillo solidario de segunda mano y disfrutamos de un concurso internacional que puso a prueba el trabajo en equipo y el compañerismo entre todos los participantes.



La movilidad concluyó con una ruta en bicicleta hasta una casa etnográfica situada en un entorno natural, donde compartimos el almuerzo, diferentes actividades lúdicas y la entrega de certificados que ponía el broche final a una semana intensa de aprendizaje.


Regresamos a casa con la satisfacción de haber vivido una experiencia enriquecedora tanto a nivel profesional como personal. Erasmus+ volvió a demostrarnos que estos proyectos van mucho más allá del intercambio de buenas prácticas educativas: 


son una oportunidad para descubrir nuevas culturas, crear lazos de amistad duraderos y comprobar que la educación tiene la capacidad de unir personas de diferentes países bajo un mismo objetivo de aprendizaje y cooperación. 

[Profesorado Erasmus+ ] De izq. a derecha: Dominik, Katarina, Yudith, Raquel, Maja, Pina,
Dámaso, Zvone, Giusy, Giovanni, Antonella & Celia


Este tipo de movilidades son importantes porque ofrecen aprendizajes que difícilmente pueden adquirirse únicamente dentro del aula. Favorecen la apertura a otras culturas, el desarrollo de competencias lingüísticas, la convivencia, el respeto por la diversidad y la construcción de una ciudadanía europea más comprometida y consciente.


Otro de los aspectos más enriquecedores fue la oportunidad de coincidir con profesores acompañantes de otros centros educativos de Gran Canaria y con docentes procedentes de Lampedusa (Italia). 


El intercambio de experiencias, metodologías e inquietudes con compañeros de distintos contextos educativos resultó muy inspirador y confirmó que, aunque cada centro tenga su propia realidad, compartimos los mismos objetivos: ofrecer a nuestro alumnado oportunidades que amplíen sus horizontes personales, académicos y culturales.



Sin duda, esta movilidad Erasmus+ ha supuesto una experiencia inolvidable, tanto a nivel profesional como personal, reforzando mi convicción de que la educación trasciende las fronteras y de que estos proyectos dejan una huella duradera en todas las personas que participan en ellos.

 

 

sábado, 29 de marzo de 2025

Metz: mi primer viaje a Francia con alumnos

¡Y llegó el día! Por fin llegó el momento en el que pude llevar de excursión a Francia a un grupo de alumnos del instituto. Tras varios intentos fallidos durante mis años como docente en Madrid, este curso, mi tercer año en Canarias, lo logré. ¡Una experiencia inolvidable!

Siempre he creído que los viajes de inmersión lingüística son una herramienta esencial para despertar el interés del alumnado por el aprendizaje de un idioma extranjero. Les da sentido, lo conecta con la vida real y rompe la barrera del aula. En mi caso, como profesor de francés —una segunda lengua extranjera para la mayoría—, esta motivación es aún más necesaria en un mundo en el que el inglés parece llevarse toda la atención. 

Foto grupal con nuestros alumnos y sus correspondientes franceses.

Este curso fui nombrado en el IES En Altavista de Lanzarote, donde tuve la suerte de coincidir con dos estupendas compañeras de departamento: Aurelia y Tania. Fue Tania quien propuso esta maravillosa idea de organizar un viaje al país vecino. No fue tarea fácil, pero finalmente lo conseguimos. 

Los verdaderos protagonistas fueron los once alumnos y alumnas que nos acompañaron: Nadia, Abass, Ainhoa, Chedey, David, Lau, Neyen, Silvia, Uxía, Kloe y Amneris. Un grupo excepcional con el que compartimos grandes momentos y muchas risas.

El Programa de Acogida en Metz se desarrolló del 23 al 29 de marzo de 2025, con una planificación muy cuidada por parte de nuestros colegas franceses. Aquí un resumen de las actividades:

Todo comenzó en la noche del sábado 22 de marzo. Volamos de Lanzarote a Estrasburgo. Llegamos sobre las 23:45. Desde allí, tomamos dos vans (un híbrido entre minibus y furgo) que nos llevó hasta Metz, donde llegamos sobre las 2:00 de la madrugada. Allí esperaban las familias de acogida y nuestros colegas profesores. El domingo fue un día tranquilo de convivencia con las familias, una oportunidad ideal para que los alumnos pudieran adaptarse y establecer los primeros vínculos personales. 

El lunes 24 empezamos con energía: a las 8:30 nos ofrecieron un desayuno de bienvenida en la cantina del instituto, seguido de una visita guiada por sus instalaciones. Al mediodía, los alumnos comieron en el comedor escolar o con comida traída de casa. Por la tarde, participamos en un divertido rally por la ciudad de Metz, que permitió al alumnado explorar los rincones más emblemáticos de la ciudad. Los profes también participamos. En la foto de abajo se nos ve a los profes en nuestro primer desafío del rally: prendre une photo devant la statue avec la meme position que le personnage et la poster sur le groupe WhatsApp. 

El martes 25 fue un día completo de inmersión lingüística: cada alumno español asistió a clase junto a su correspondiente francés. 

Catedral de Saint-Étienne, Metz

El miércoles 26 tuvo un enfoque cultural: a las 9:45 nos encontramos en el Museo Pompidou - Metz, donde disfrutamos de una visita guiada entre las 10:00 y las 12:00. Por la tarde, los estudiantes tuvieron tiempo libre o continuaron con sus clases según el caso. 

El jueves 27 se centró en el medioambiente: salimos temprano, a las 8:15, desde la Place du Roi Georges y tomamos el autobús L5 hacia St Roch (Magny). De 9:00 a 12:00 asistimos a una actividad en la Federación de Pescadores. Por la tarde, disfrutaron de tiempo libre con sus corresponsales. Y por la noche…la salida opcional a la pista de patinaje sobre hielo.

El viernes 28, último día completo, incluyó una mañana de clases en el instituto y, por la tarde, una sesión de intercambio cultural en la que los alumnos prepararon masa para crêpes, cantaron y jugaron. Una manera festiva y simbólica de cerrar la semana. Esa noche, la última, se pasó en familia.

El sábado 29, tras una semana intensa, nos despedimos de Metz. 


Durante la semana, me alojé en las propias instalaciones del Lycée Georges de la Tour, nuestro instituto de referencia en Metz. Esto me facilitó mucho la organización de actividades y la posibilidad de observar clases desde dentro, una experiencia profesional muy enriquecedora.

Y luego está Metz, una ciudad que me sorprendió profundamente. No es solo bonita —es luminosa, tranquila y acogedora—, con ese aire que mezcla lo antiguo y lo moderno de forma armoniosa. Pero si hubo algo que me dejó realmente sin palabras fue su catedral.

La Catedral de Saint-Étienne de Metz no es solo una joya del gótico francés, es un espectáculo de luz y altura. Sencillamente, impone. Al entrar, uno se siente diminuto frente a sus altísimos muros cubiertos por algunos de los vitrales más grandes de Europa. El juego de luces coloreadas que se filtra por ellos transforma el interior de una manera increíble. Es como si el tiempo se detuviera. Me quedé allí, con la boca entreabierta, intentando absorber cada detalle. No esperaba encontrarme algo así en una ciudad que aún no conocía. Y precisamente eso, el asombro inesperado, es lo que hace mágicos los viajes. 

Gracias a Mayte, mi profesora de Hª del arte del instituto, hoy soy capaz de apreciar la arquitectura no solo como algo estético, sino como un testimonio vivo del paso del tiempo, de la historia y de las ideas que han dado forma a nuestro mundo. Su influencia marcó en mí una huella que todavía perdura cada vez que visito una ciudad o contemplo una obra monumental.

Con Isabelle, Tania & David. (imitando
al busto del Général de Maud'Huy)
=====

En Metz contamos con dos anfitriones excepcionales: Isabelle y David, quienes no solo nos recibieron con los brazos abiertos, sino que estuvieron presentes en cada actividad del programa. Nos acompañaron en todo momento, nos ayudaron con cualquier imprevisto y, lo que es aún más especial, nos invitaron a sus propias casas, donde conocimos a sus familias y compartimos momentos entrañables que jamás olvidaré. 

Uno de los recuerdos más divertidos del viaje fue la salida a la pista de patinaje sobre hielo, a la que fuimos con David, Tania y la mayoría del grupo. Hacía mil años que no patinaba y no negaré que al principio me invadió cierta inseguridad. Después de varios intentos fallidos y alguna caída estrepitosa, logré mantenerme en pie… y hasta deslizarme con algo de dignidad. Fue una pequeña gran victoria personal, y uno de esos momentos que hacen que un viaje con alumnos se convierta también en un viaje para uno mismo. 

Dedico esta entrada a mi compañera Tania, verdadera artífice de esta aventura. Gracias por confiar en mí y darme la oportunidad de vivir esta experiencia que, sin duda, marcará un antes y un después en mi trayectoria como docente.



domingo, 7 de enero de 2024

Efharistó, Grecia!!

Efharistó (ευχαριστώ en griego) significa gracias. Así he querido empezar esta entrada, dando las gracias a un país que nos ha acogido con los brazos abiertos y donde estoy seguro que volveré tarde o temprano, al menos para conocer todo aquello que nos ha faltado por visitar. 

Como viene siendo ya una costumbre estos últimos años, la primera semana de enero me gusta aprovecharla para hacer algún viajecito. Esta vez el lugar iba a ser Grecia. La propuesta fue de mi gran amiga Eva, antigua compañera de piso en Granada. Marga, amiga de Eva, se uniría también al plan de recorrer el país cuna de nuestra civilización. 

Teatro de Dioniso
Obviamente en tan poco tiempo el porcentaje de lo visitable sería muy efímero, por ello intentamos elegir lo más representativo e imperdible del país heleno teniendo en cuenta que los días de ida y vuelta eran días perdidos, días de vuelos, escalas y poco más. En el primer vuelo, hicimos escala de varias horas en Malta, así que pudimos recorrer un poco sus calles, concretamente, las de La Valeta, capital de Malta. La ciudad amurallada se construyó en el siglo XVI en una península por la orden católica de los Caballeros de San Juan. 

Es famosa por sus museos, palacios e iglesias monumentales. Entre sus lugares de interés de estilo barroco destaca la concatedral de San Juan, cuyo interior opulento alberga una de las obras maestras de Caravaggio, La decapitación de San Juan Bautista. En este diminuto país descubrimos que la lengua oficial es, además del inglés, el maltés, un idioma que comparte raíces con el árabe.

El Partenón
Nuestra llegada al aeropuerto de Atenas fue de noche. Cogimos un taxi para llegar a nuestro hotel (Apollo Hotel). El taxista fue muy simpático con nosotros. No hablaba nada de inglés, así que se comunicaba con nosotros a través de su tablet con un traductor online. Desde ese momento nos picó la curiosidad de aprender algunas palabras en griego. Las que recuerdo bien son: kaliméra / Καλημέρα (buenos días), kalispéra / καλησπέρα (buenas tardes), kalíninkta / καλίνιγκτα (buenas noches), efcharistó / ευχαριστώ  (gracias) y parakaló / Παρακαλώ (de nada & por favor).

El martes 2 de enero nos levantamos temprano para aprovechar bien el día. La acrópolis nos estaba esperando a poco más de dos kilómetros del hotel. Por fin iba a conocer este conjunto monumental del siglo V a.C. que estudié en clases de Historia del Arte. Gracias a la profesora Maite aprendimos a conocer artistas, épocas, lugares, arquitecturas, pinturas y demás joyas del pasado. Aún recuerdo como nos transmitía su entusiasmo por el arte a través de sus viejas diapositivas. Solamente con la acrópolis y su Partenón o las columnas de las cariátides dedicó más de 3 sesiones.

Columnas de las Cariátides

La Acrópolis de Atenas es un sitio arqueológico de gran importancia histórica y cultural. Fue construida en el siglo V a.C. Es un símbolo emblemático de la civilización griega antigua y la democracia. Alberga monumentos destacados como el Partenón, que representa la excelencia arquitectónica y escultórica de la época. La Acrópolis también sirve como testimonio de la influencia de la cultura griega en el desarrollo de la arquitectura occidental. Su preservación y reconocimiento como Patrimonio Mundial de la UNESCO acentúan su relevancia en la comprensión de la herencia cultural global. Estando allí era inevitable cerrar los ojos y pensar que estabas por momentos en otra época.

Evzones
El día siguiente hicimos un free tour  recorriendo Atenas de una manera distinta, explorando diversos lugares significativos de la ciudad. Visitamos el Parlamento y la Plaza Sintagma, donde experimentamos la vida urbana. También el Barrio Monastiraki, sumergiéndonos en la historia y la cultura local. Nos maravillamos con el Templo de Zeus Olímpico y el Ágora, conectando con la antigüedad griega. Este recorrido nos proporcionó una visión completa de la rica herencia de Atenas y su papel crucial en la historia. Además, pudimos ver el cambio de Guardia de Atenas (una versión mediterránea del londinense). Al parecer, se viene realizando desde hace años en la mítica Plaza Syntagma, donde se encuentra ubicado el Parlamento Griego. La guía nos dijo que estos guardias eran llamados “choleas” pero parece ser que el nombre real es “evzones”.

La noche fue muy divertida en el restaurante Kotili. Además de disfrutar de una comida deliciosa pudimos presenciar un concierto de música griega durante más de 3 horas acompañado de bailarines. Estos mismos nos animaron a bailar con ellos y, por supuesto, lo hicimos. Después de unas cuantas copas de vino tinto la vergüenza pasó de largo. 

El jueves 4 de enero fuimos a recoger el coche que teníamos alquilado para el resto de los días por Grecia. La compañía era AVIS y el coche, un Citroën DS3 Puretech Man. Era muy cómodo de conducir y nos llevó a todos lados sin ningún tipo de problemas. Lo que no nos cuadró fue la autonomía. El depósito eran 55 litros y no conseguíamos hacer más de 600km. En estos momentos la gasolina estaba a 1,80€/L.

En primer lugar, fuimos a la península del Peloponeso. La primera parada la hicimos en el canal de Corinto: vía de agua artificial que une el golfo de Corinto con el mar Egeo por el istmo de Corinto. Era impresionante pensar que fuera construido a finales del s.XIX sin tener la maquinaria y avances en ingeniería que existen hoy en día. Este canal evita el rodeo de 400km alrededor de la península del Peloponeso. 

Canal de Corinto

La siguiente parada fue Micenas. Aquí se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del país. Cuenta con unos restos emblemáticos del pueblo micénico, como la célebre Puerta de los Leones, el Tesoro de Atreo y la máscara de oro de Agamenón. Lo que más me sorprendió fue el majestuoso Tesoro de Atreo, también conocido como Tumba de Agamenón, emblema del arte funerario de Micenas. Fue construida sobre el s.XIII a.C. Tiene la típica forma de “Tholos”, de cúpula.

El último lugar visitable del jueves fue la ciudad de Nauplia, conocida por sus fuertes costeros. Aquí nos dio tiempo a comer y a ver las vistas de la ciudad desde un castillo. Se nos hizo tarde, así que tuvimos que ir de vuelta a Atenas.

El viernes desayunamos temprano para ir a Delfos, lugar mitológico encaramado sobre una abrupta ladera del monte Parnaso. Lo consideraban el centro del universo. 

La parada obligatoria era en el Oráculo de Delfos, uno de los más famosos de la antigüedad. Su origen está envuelto en un halo de misterio y profecías.  Después tocó el turno del recinto y museo arqueológico. Más de 3 horas en total de impresionantes restos milenarios. Después de comer fuimos directamente a la ciudad de Meteora, lugar situado al noroeste del país. Teníamos reserva en una casita muy linda desde donde se podían apreciar las majestuosas montañas rocosas. La cena la tuvimos en un restaurante donde, al parecer, estaba permitido fumar. Fue como retroceder 10 o 15 años en el tiempo. Obviamente, ropa y cuerpo quedaron impregnados de humo. Sin comentarios...

Oráculo de Delfos

La mañana del día de Reyes salimos bien temprano hacia los monasterios. Creo que es, a día de hoy,  uno de los lugares que más me han impactado de todos los países que he podido conocer hasta ahora. Se dice que los monasterios están suspendidos en el aire. Actualmente quedan seis y son todos cristianos ortodoxos. Patrimonio Mundial de la Humanidad, fueron construidos sobre la cumbre de masas rocosas de piedra arenisca talladas por la erosión, a una altura de 600 metros y están habitados desde el siglo XIV. Desgraciadamente, en la 2ª Guerra Mundial, muchos monasterios sufrieron la ira alemana ya que la resistencia griega se refugió en ellos durante la invasión y ocupación nazi.

En la actualidad se mantienen en pie trece, pero sólo están ocupados y son visitables seis de ellos: Monasterio de San Nicolás, de Roussanou, Varlaam, del Gran Meteoro, de la Santísima Trinidad y de San Esteban.

La vuelta a Atenas fue casi 4 horas de coche. Creo que entre Meteora y Atenas pudimos haber pagado 7 u 8 diferentes peajes. ¡Impresionante!

Meteora
La noche la pasamos en Apartaments Tina, situado a menos de 10 kilómetros del aeropuerto. La misma madrugada del día 7, el personal de este alojamiento nos llevó bien tempranito a la terminal para coger nuestros vuelos de vuelta.



No quería terminar esta entrada sin mencionar la deliciosa gastronomía griega. Seguramente nos faltaron decenas de platos típicos griegos por probar, pero al menos pudimos saborear, al parecer, los más típicos: tzaziki, spanakópita, musaka, souvlaki, gyros y baklava. Bebida típica: ouzo (anís griego).  




τα λέμε σύντομα! (¡Hasta pronto!)

 

miércoles, 30 de agosto de 2023

Mzungu, Mzungu!!

 Mwiriwe!!

20 días en Burundi. Soy un afortunado de haber compartido este viaje con mi hermano Juanfra, compañero de la facultad y amigo desde hace 20 años. El destino ha querido que desde hace unos años compartamos muy buenos momentos, entre viajes y festivales de música. ¡Ahora tocaba un reto mayor!



Para mí es la tercera vez por estas tierras. A pesar de ello, aún me sigue sorprendiendo experimentar lo que nuestros ojos ven cada día. Juanfra alucinó con los paisajes y con el cariño de la gente. El choque cultural es muy fuerte y quizás es eso lo que nos maravilla de estar aquí.

Ambos formamos parte de la Asociación Twenge. Irene, Andrés y Amidou son el resto del equipo. Este último es el que da vida y continuidad a nuestro proyecto. Le di clases de español allá por 2011 cuando fui lector en la Universidad de Ngozi. Ahora somos muy buenos amigos.



Nuestro hermanito Amidou fue a buscarnos al aeropuerto de Buyumbura. Nos dio mucha alegría volver a verlo. En estos días hemos vuelto a Gatonde, nuestro querido pueblo batwa. Con muy poquitos recursos, el año pasado pudimos llevar a cabo diferentes proyectos como la creación de las tarjetas sanitarias o los baños comunitarios. Este año llegaron otros como la fuente o el lavadero. Para acceder a esta zona de Gatonde hay que bajar por un camino muy desnivelado y además cuando llega la temporada de lluvias, es extremadamente peligroso por las posibles caídas o resbalones. Por ello, otra de las novedades de este año fue transformar este acceso en una escalera ecológica gracias a la superposición de neumáticos reciclados. El resultado ha sido inmejorable.



Otros proyectos importantes que hemos llevado a cabo este verano han sido la creación de un vivero (patata, mandioca y berenjena) y la plantación de árboles frutales (maracuyá, tomate de árbol y papaya) para abastecer a todo el poblado. Además, hemos vuelto a repartir ropa para los más pequeños y hemos renovado las tarjetas sanitarias.

Durante una semana, Amidou no pudo estar con nosotros, así que nos prestó su moto para que pudiéramos continuar yendo al poblado de Gatonde. ¡Fue toda una aventura! Conducir un vehículo en Burundi no tiene nada que ver con lo que acostumbramos a vivir en nuestro país. Allí los códigos de circulación o las señales de tráfico brillan por su ausencia. Digamos que los movimientos o incorporaciones a las calzadas se realizan según la intuición, según la distancia o velocidad a la que se encuentra el vehículo más próximo. En ausencia de Amidou, Francine fue nuestra compañera traductora para poder comunicarnos con nuestra familia batwa. 



Estos viajes en moto provocaron a Juanfra una pequeña infección en un ojo debido al polvo que se levantaba en el camino. Por suerte, en el hospital pudieron tratarle el problema y a los pocos días se le curó.

Quisimos incluir una pequeña escapada a Ruanda en este viaje para que Juanfra conociera otro país. No estuvimos ni 24 horas, pero mereció la pena. Pudimos ir al memorial del holocausto y visitar los lugares más conocidos de Kigali. Amadou y Assia, amigos de Amidou, estuvieron prácticamente todo el tiempo con nosotros. Dos ruandeses con un corazón enorme. Hoy podemos decir que tenemos dos nuevos amigos, amigos de verdad.

 

La familia Twenge sigue creciendo. Estamos muy orgullosos de todos los proyectos que estamos llevando a cabo desde que nos configuramos como asociación. Es muy satisfactorio comprobar que con muy poco se puede hacer mucho. 



Volveremos y seguiremos luchando por encontrarnos con un mundo un poquito más justo.

Amahoro!