Del 1 al 8 de julio tuve la suerte de viajar con mis padres a Italia, concretamente Nápoles y Roma. Y aunque pueda parecer que lo importante de un viaje son los lugares que visitas, cada vez tengo más claro que, cuando viajo con ellos, lo verdaderamente especial es seguir compartiendo vivencias y experiencias a su lado.
Mis padres no son personas especialmente viajeras, pero una vez que salen disfrutan muchísimo del viaje.
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| Piazza del Plebiscito (Napoli) |
Sus hijos hemos salido bastante culos inquietos y siempre nos ha gustado explorar otros lugares y formas de vida. Así que han terminado viajando para estar, más que nada, cerca de nosotros: han ido a Montpellier, a la isla de la Guadalupe, a París, a distintas islas de Canarias e incluso a República Dominicana, esta vez solos, para celebrar sus bodas de plata.
El año pasado tuvimos la gran suerte de hacer juntos el Camino de Santiago y este verano tocaba organizar una nueva escapada en familia. Además, había un aliciente muy especial: llevar por fin a mi madre a Roma. Durante años había dicho que, aunque no le gustara demasiado viajar, Roma sí era una ciudad que le gustaría conocer. Y ese esperado día por fin había llegado.
Napoli: unos días en familia
Antes de ir a Roma pasamos unos dos días en Nápoles, donde pudimos coincidir con mi hermana Libertad, Francesco y las niñas, Eva y Nerea. También aprovechamos para visitar a Enza, la madre de Francesco, y conocer a otros familiares cercanos. Fue una buena manera de empezar el viaje: paseos tranquilos, comidas, conversaciones y mucho tiempo disfrutado en familia.
Nápoles es una ciudad con muchísima personalidad. Es ruidosa, intensa, algo caótica pero llena de vida.
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| Pompeii |
Una de las visitas más interesantes fue Napoli Sotterranea, una red de galerías subterráneas excavadas bajo el centro histórico. Resulta curioso pasar del bullicio de la superficie a encontrarte, pocos metros después, con otra ciudad escondida bajo tus pies.
El resto del viaje lo haría ya solo con mis padres. El tercer día fuimos a Pompeya. Pasamos allí unas tres horas y quizá nos entretuvimos demasiado tiempo, porque teníamos que regresar a Nápoles antes de las 20:00 para recoger las maletas de la consigna en la estación.
Pompeya impresiona profundamente. Caminar por sus calles y contemplar sus edificios conservados bajo la ceniza hace que la erupción del Vesubio del año 79 deje de parecer un acontecimiento lejano.
El problema llegó al terminar la visita. Eran casi las 20h y seguíamos todavía en el tren de vuelta. Necesitábamos unos veinte minutos para llegar a Nápoles. La empresa de consignas solo podía esperarnos cinco minutos. Cuando llegamos a la estación eran más de las 20h15 y las puertas estaban cerradas. Por suerte, el chico que me había atendido por teléfono seguía dentro. ¡Pffff! Recuperamos las maletas y corrimos al andén para coger nuestro tren a Roma. Perderlo habría supuesto perder reservas de alojamiento y el tren a Roma, pero todo salió bien...¡de milagro!
El trayecto en tren hasta Roma duró poco más de una hora. Nuestro hotel estaba a unos diez minutos andando de la estación Roma Termini. Yo ya había estado allí en 2012 y recordaba la ciudad, pero volver catorce años después tenía un significado completamente diferente al estar allí con mis padres.
Teníamos tres días para recorrer la ciudad.
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| Il Colosseo di Roma |
Digamos que el calor nos acompañó durante toda la estancia pero fue soportable. Los paraguas se convirtieron en improvisadas sombrillas, a mi madre le regalé una pequeña sombrilla asiática y un ventilador a pilas terminó siendo uno de nuestros mejores aliados durante las caminatas.
Nos movimos principalmente andando y utilizamos el metro únicamente cuando las distancias eran demasiado grandes.
Entre paseo y paseo descubrimos varios clásicos de Roma, pero muy cerca de nuestro alojamiento, a unos diez minutos caminando, se encontraba la increíble Basilica di Santa Maria degli Angeli, construida por Michelangelo dentro de unas antiguas termas. También visitamos mi lugar favorito de la ciudad:el Panteón. Ya me había fascinado en 2012 con esa enorme cúpula perfecta, auténtica hazaña de la ingeniería romana. Volver a entrar fue simplemente maravilloso. Mayte, mi profesora de Historia del Arte, nos explicó en el instituto cómo se había construido y además, fue la obra que me tocó defender en la Selectividad. Estar allí dentro fue un viaje en el tiempo. Asombra pensar que se levantó hace casi 2.000 años.
La famosa Fontana di Trevi no podía faltar. Nos acercarnos a la zona más próxima a la fuente y, aun así, no cabía un alfiler. Por supuesto, no faltó la turistada de tirar una moneda y pedir un deseo.
El segundo día en Roma hicimos un Free Tour nocturno con la empresa Guru Walk por la zona del Foro Romano. Me gustó mucho la experiencia.
El tercer día visitamos los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina.
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| Scuola di Atene, di Raffaello (Musei Vaticani) |
Estuvimos más de dos horas recorriendo sus galerías y salas decoradas. Después llegó la inevitable cola de acceso: casi otras dos horas de espera. Hubo algunos reventas que intentaron convencernos de comprarles a ellos las entradas para evitar la fila, obviamente nos pedían muchísimo más dinero de lo que costaban las entradas, así que nada, decidimos quedarnos en la cola hasta entrar. Tampoco se hizo muy pesada la espera.
Además del increíble Museo Vaticano, repleto de obras maestras que parecen competir por tu atención, la guinda del pastel llega al final: la Capilla Sixtina, donde Miguel Ángel convirtió el techo en una de las obras más fascinantes de la historia del arte.
En nuestro último día teníamos el vuelo de vuelta por la tarde, así que aprovechamos la mañana para hacer un último recorrido.
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| Il Pantheon |
Fuimos a la Terrazza del Pincio, buscamos un buen lugar para hacernos fotos con el Coliseo de fondo y buscamos un restaurante para comer pescado, muy necesario después de tanta pasta y pizza.
Lo mejor del viaje
Cuando recuerdo este viaje, no pienso primero en los monumentos de Roma ni en Pompeya. Pienso sobre todo en mis padres.
Pienso en mi madre cumpliendo por fin aquel pequeño sueño de conocer Roma. Pienso en los entrañables días compartidos con mi hermana Libertad, las sobris Eva y Nerea, Francesco y toda la familia. Al final, lo mejor de viajar no siempre es el lugar al que llegas, sino la suerte de con quién lo compartes.













