martes, 13 de marzo de 2012

un globo, dos globos, tres globos...

... vida es un globo que se me escapó...

En esta entrada quería contaros que en Burundi ha nacido una de mis nuevas pasiones: los gLoBoS!

Nunca hubiera imaginado el impacto que iban a tener entre los niños, es genial. Lo que es un simple plástico inflado de aire puede llegar a ser el mejor juguete para un montón de niños. Desde enero hasta el día de hoy siempre llevo algunos globos en los bolsillos. Es un placer inflar alguno y ver como a los niños se les dibuja una sonrisa de oreja a oreja. Creo que ahora me conocen por el "muzungu" de los globos de colores, así que cada vez que me ven me piden que les infle alguno.



Los días de diario siempre estamos en Ngozi, la ciudad. Mi intención era que también los niños del campo, los de las aldeas, pudieran jugar con los populares globos. Así que este fin de semana, aprovechando que vinieron unos amigos franceses (Gaetan y Valentin), cogimos el coche y nos fuimos a las aldeas de la región a repartir unos cuantos. Fue todo un éxito, muy divertido.


Mi madre tiene que estar bien contenta al saber que sus globos están repartiendo tanta alegría.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Sengiyumva, el nuevo habitante de la casa

Os presento a nuestro gato Sengiyumva. (Sengi, para los amigos).

Tiene unos 5 meses pero vive con nosotros desde hace 3 semanas. Es muy salao, se deja acariciar, cada vez araña menos, se come las sobras, los bichos de la casa y todo lo que sea comestible. Aprendió rápido a manejar sus impulsos fecales y los hace en su cajita llena de arena, ¡un gato ejemplar!


Es la primera mascota de mi vida, ya tenía ganas, aunque, a decir verdad, lo que yo quería era un perro, pero en esta casa somos tres y existe la democracia. Así que mis ganas de tener un perro tendrán que esperar todavía un tiempo.

sábado, 18 de febrero de 2012

Boda burundesa

El pasado sábado mi amiga Diette me invitó a la boda de su hermana. Divertido recuerdo.

La primera parte me la salté, es decir, 2 horas de Iglesia donde el cura expresa las palabras mágicas para que al final los novios se prometan amor eterno, etc. Esa parte es igual aquí, en España y en San Petersburgo. Yo a lo que iba era a lo bueno, a la fiesta, a curiosear trajes tradicionales, la música, los bailes, la bebida...

Sobre las 17h30, después de la ceremonia, llegó la recepción donde los asistentes se reunían en una gran sala que separaba a los invitados del novio por un lado y a los de la novia por otro. Ahí llegué yo, pero un pelín tarde. Para sentarme tuve que pasar por todo el medio, fui el centro de atención de los 200 invitados más los novios. En fin, el único blanco en toda la fiesta. Para colmo me pusieron en primera fila, donde todo el mundo me podía ver, así que fracasé en el intento de pasar desapercibido.

La recepción fueron otras 2 horas de diálogos cruzados entre las dos familias, siempre en kirundi (idioma del país) por supuesto, así que tuve que imaginarme las conversaciones, no me tocó nadie al lado que pudiera traducirme muy a mi pesar. De vez en cuando cortaban para dar paso a algún espectáculo, esto fue lo mejor, niños cantando a los novios, cantos de Burundi, bailes tradicionales… Un familiar se pone de pie, coge el micro, bendice al matrimonio y publica su ofrecimiento para los novios: - yo daré una vaca. – Nosotros daremos a los novios una cabra y dos gallinas. – Yo les ofrezco 6 sillas y una mesa para el comedor…

Más tarde, los novios se fueron a casa para cambiarse de ropa y media hora después volvieron con sus trajes nuevos para dar paso al Levée de voile, que literalmente sería el levantamiento del velo de la mujer. Es el momento en el que la familia de la novia da las gracias a la familia del novio por haber aceptado el matrimonio con ella. Yo pensé que sería algo recíproco pero no, ella es la que tiene que estar agradecida según la tradición burundesa. Así que 1 hora y media más de charlas, de sentimientos, de risas y lágrimas. Al final las dos familias se juntan en mitad del salón, intercambian abrazos, besos, cantan, bailan todos juntos, los novios subidos en hombros, la gente contentilla después de unas cuantas cervezas.




Tras casi 4 horas de conversaciones en kirundi, de bailes y de cantos tradicionales, tenía que llegar lo que esperaba hacía ya un rato: el momento de la cena, de la comida rica, la típica de las bodas. Además, pensando que sería como cualquier boda en España, fui medio en ayunas para disfrutar bien de todo lo que me pudiera encontrar…pero no...todo el mundo se fue para casa, yo me quedé salivando como el perro de Pavlov, ni cena ni banquete ni ná, mi gozo en un pozo. Sólo la familia más allegada era la que tenía una cena especial. En fin, lo de la cena quedó en anécdota, porque sinceramente, todo mereció la pena, agradecí muchísimo la invitación, tenía curiosidad por vivir la ceremonia de una boda en Burundi y el resultado fue todo un espectáculo, un éxito. Dispuesto a repetir.


miércoles, 8 de febrero de 2012

Caminos imposibles

Saliendo de la ciudad de Ngozi puedes encontrar la verdadera esencia de la vida burundesa, la de siempre, la del campo, la de la gente viviendo en armonía con la naturaleza. Casitas de adobe, madres llevando a los bebés en las espaldas, niños felices jugando al escondite, cabras pastando, caminos de tierra que se pierden entre los árboles...

Quería contaros que hace unos días me encontré por estos lares a una señora mayor con una habilidad digna de cualquier alpinista profesional, merecedora de un artículo en mi blog, y también de salir en el programa de Cuarto Milenio reconocida como un suceso paranormal.

Como se puede apreciar en la foto, la señora va descalza y lleva en la cabeza una penca de bananas y un saco, al parecer, de patatas. De repente, la vi subiendo este camino empinado con una facilidad inexplicable, sin apoyar las manos en el suelo y sin perder el equilibrio. Un camino practicamente vertical, pero, ¿cómo lo hacía? No había truco, puedo jurar que no era un camino escalonado, que no llevaba ventosas en los pies ni clavos, que subía erguida, sin tropiezos...Esperé a que subiera y luego me acerqué para comprobar que efectivamente la pendiente del camino era enorme, practicamente una pared.

En fin, algún día volveré al mísmo lugar a ver si hay más gente que consigue la proeza de esta señora, echaré otras fotos donde se vea el camino entero (unos 5 metros de subida) para dejar constancia de la altura y después intentaré subir yo, pero sin plátanos y con zapatillas.

lunes, 23 de enero de 2012

Y llegó el 2012...

Muchos son los que me han preguntado si seguía con el blog, y con razón lo hacían porque la última vez que escribí fue hace más de un mes; pero no ha sido por dejadez ni por falta de inspiración. Desde un principio, mi intención fue escribir exclusivamente mis vivencias y anécdotas de este año en Burundi, así que hice un paréntesis mientras pasaba las Navidades en España. Ahora he vuelto a tierras africanas con las energías a tope (incluso después de 27 horas de viaje, con 3 escalas de regalo…perfecto coñazo).

Mi ausencia por Burundi estos días ha deparado varias sorpresas. Ahora el 70% de las calles están asfaltadas, aparecen las primeras señales de tráfico, los primeros pasos de cebra, nombres de las calles, nuevo mercado, nuestro coche que vuelve a funcionar, internet en la Universidad ya casi todos los días, menos cortes de luz y agua en casa, 40kg de material didáctico de la AECID (libros, diccionarios, mapas, audios...) que han llegado por fin a Ngozi para mis clases de español, etc. Me gusta como está comenzando el 2012 por estos lares, con la nueva imagen de la ciudad y con la mejora de las comodidades.

En cambio, qué cierto es cuando decimos que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos o, en mi caso, dejamos de tener por un tiempo. Digo esto porque para uno que lea mi blog, la vida en África puede parecerle maravillosa, pero quizá es momento de profundizar más y añadir que no todo es color de rosa, que hay que ser fuerte estando tanto tiempo lejos de familiares y amigos, a los cuales dedico este artículo.

Este mes por casa ha sido muy especial: mis padres volcados conmigo; mis hermanas, todas en casa, liándola en Nochebuena con guitarra y buenos cantes; mi abuela Javiera, que es más fuerte que un roble, recuperándose de un sustillo; mis tíos, mis primos (qué buenos momentos en casa de Juan y Raquel, grabando pelis como locos y comprobando lo fácil que es cocinar con la thermomix); fiestón de Nochevieja en casa con mis amigos, partiditos de fútbol 7, patatitas del Hoyo, viaje a Gerona, Barcelona, C.Real, Cáceres… No podían haber sido mejores mis vacaciones.
Ahora estoy aquí en Ngozi con el subidón que necesitaba. Gracias a todos por estar siempre ahí, no cambiéis nunca.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Kampala y sus encantos

Capital de Uganda. Población: 1.208.544 habitantes. Sus actividades económicas más destacables son la industria, en especial la mobiliaria y la maquinaria, así como la exportación de productos agrícolas como café, algodón, té y azúcar. Es una ciudad digna de visitar, una locura en todos los sentidos.

Quería destacar los dos factores que más me han impresionado de ella: el tráfico y el mercado principal.
En Kampala te encuentras rodeado de miles de personas apelotonadas como hormigas en la calle. No existen semáforos ni rotondas, ni pasos de cebra, así que nos encontramos con un tráfico donde predomina la ley del más fuerte, es decir, preferencia a los camiones y autobuses, luego a los coches, las motos, las bicicletas y por último, al peatón. Cruzar la calle es una gran aventura.

Por otro lado quería hablar del mercado principal. Es una maravilla, tiene un encanto especial que no encuentras fácilmente en otros. Digamos que era como una ciudad con laberintos, con callejones sin salida. En él te encuentras de todo, ropa de ocasión, la mayoría procedente de Europa y EEUU; filas de unas 30 mujeres con máquinas de coser, todas reparando y cosiendo ropa usada… Otra gran parte del mercado era exclusivo para la comida, con sus verduras, frutas, carnes, pescados… Por último, la sección del bazar, llena de utensilios de cocina, herramientas, neumáticos, material escolar… Todos los comerciantes querían venderme sus productos. Me perseguían con camisetas, pantalones, zapatos, también con pimientos, cebollas, pescado fresco, cortinas, sábanas, toallas, bolígrafos, etc. La tentación fue muy grande, ¿cómo salir de allí sin comprar ese kg de pescado por 1 euro, esas sábanas de flores que más quisieran tener en Portugal, esas tripas de cerdo a 1´5 euro/kg, o esas toallas rosas casi regaladas?

Volveré…

domingo, 4 de diciembre de 2011

Safari en Uganda


Qué difícil es expresar un sueño hecho realidad. Cómo describir todo aquello que pude sentir viendo elefantes, jirafas, monos, leones, búfalos, antílopes, águilas, buitres, cocodrilos, hipopótamos, etc… Hacía tiempo que no me emocionaba tanto. El inmenso Parque Natural de Murchison Falls Natural de 5.072 km2, cuenta con más de 500 especies diferentes de animales.

A parte de ver animales exóticos y raros, puedo destacar el baño de búfalos en lodo, jirafas de cuellos infinitos comiendo de las copas de los árboles, elefantes en fila india que me recordaban a algunas escenas de El libro de selva, leones escondidos esperando el momento de atacar a sus presas, lucha de jabalíes (Pumba), antílopes miedosos corriendo como locos cada vez que nos acercábamos, familia de babuinos trepando árboles, incluso, cocodrilos acercándose a un pobre hipopótamo que flotaba muerto en mitad del río Nilo. Pensé que todo esto sólo podía verlo en los documentales de la 2 (momento de siesta después de Saber y Ganar) o en las revistas de National Geografic. ¡Qué gozada! 5 horas con los ojos como platos, queriendo grabar y fotografiar cada momento, cada animal.
Si tuviera que elegir a un animal entre todos me quedaría con la jirafa. Me hubiera quedado mirándolas horas y horas...
El safari ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida. Sin duda, recomendado a todo el mundo. Merece muchísimo la pena.